La ridiculez del Ministro de Educación

Ya los funcionarios de República Dominicana están sobrepasando la capacidad del ridiculometro.

El último de los insólitos casos cómicos del país lo escenificó el ministro de educación cuando se despachó diciendo que desconocía una ley que soluciona una de las principales quejas de los ciudadanos de clase media, media-alta y alta.

Quizás se lo perdonaría a alguien que no se hubiese pasado la vida en la lucha por la mejoría del sistema educativo dominicano, pero el ministro tiene sus barbas blancas por las luchas sindicales palmo a palmo con los maestros.

La confesión de haber hallado una ley que regula el mercado privado de la enseñanza en la República Dominicana es motivo suficiente para que todos los mandos medios en la institución junto a los asesores amanezcan con sus despidos en las manos.

El ministro no es arqueólogo, bibliófilo o historiador para hacer hallazgos de documentos que fueron publicados hace diez años, que habían sido discutidos en el congreso dominicano y que un momento fue tema de debate en los medios de comunicación.

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